lunes, 17 de mayo de 2010

Chimichurri para los ingleses

Diego Jaquet Tiene 34 años y trabajo en Nueva York, Estocolmo, San Sebastian y Barcelona, incluido el Bulli de Ferran Adria. Llego al Reino Unido con productos Argentinos y Hoy se lo disputan las mayores marcas de lujo.


"Un talento". Dueño de "una creatividad que brilla entre sabores" y de un desparpajo que le permite "romper las reglas". Así describe la prensa especializada a Diego Jaquet, el porteño que conquistó Londres con su asado, vino y chimichurri.

Llegó hace 7 años, después de un derrotero por Nueva York, Estocolmo, Barcelona, San Sebastián y su Esquel casi natal.
Tras recibirse con Francis Mallman y con el sueño de trabajar con el entonces mejor chef del mundo, Alain Ducasse, en Mónaco, Diego golpeó la puerta del principado en 1998, pero no le abrieron. Entonces, con el mismo desparpajo con el que se anima a combinar sabores, telefoneó a Ferrán Adriá. "Al día siguiente estaba en El Bulli con los mejores cocineros", cuenta emocionado.

Lo asignaron a la "primera cocina", la que se encarga de dejar todo listo para la "segunda", en la que brillan los chefs. Allí se pelan, cortan y ordenan los ingredientes. A Diego le tocó pelar almendras frescas.
El primer día peló 10 kilos. "Veías las cajas y se te caían las lágrimas", dice ahora entre risas.
Agotado, se sentó a comer con sus compañeros. Uno de los chefs de la cocina principal le preguntó en porteño: "¿Sos argentino?".

Esa misma semana Diego trabajaba en la sección de fríos, donde Adriá prepara sus famosas espumas y creaciones exóticas, como el raviol líquido de calamar y leche de coco. Cuando terminaba el 98, cambios en las leyes migratorias lo obligaron a volver a la Argentina y se instaló en Esquel, donde, con ayuda de su abuelo, puso su primer restaurante.

Tenía sólo 24 años y pretendía más. Viajó a Nueva York y, tras una serie de pruebas, entró en el restaurante escandinavo Acquavit. Otra vez los "papeles" lo trajeron al país. Mientras esperaba la visa de trabajo, vio por TV cómo caían las Torres Gemelas y su sueño en la Gran Manzana. Pero no perdió la esperanza.

Su pasado en el restaurante sueco lo puso en la mira del Hilton Linköping, en Estocolmo, donde vivió 12 meses. Luego vendría el Hilton de Trafalgar Square, donde le dio de comer a Quentin Tarantino, entre otros. "Es mi director favorito. Siempre escuchás que vino tal o cual famoso. Pero son los camareros los que se emocionan con ellos", cuenta.

"En elBulli le cocinamos al secretario privado de Dalí. Estaba tan agradecido que nos invitó con champán.
(continua)

PECHITO CARAMELIZADO

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