sábado, 18 de octubre de 2008

Para los amantes del buen vivir, nada mejor que una buena lectura

La Cocina Futurista

Filliá & Cía. fueron artistas revolucionarios.
Demasiado cercanos al fascismo y, de algún modo, también parientes del surrealismo.
Este libro hay que ubicarlo en un contexto especial, pero divierte tanto a los gourmets como a los estetas.
Profundamente nacionalistas, esta banda intentaba revolucionar la alimentación italiana para fortificar, dinamizar y espiritualizar la raza.

Para escándalo de todo el mundo se declararon abiertamente antipasta.
En Italia, nada menos. Crearon platos, palabras y tragos (sustituyeron la palabra bar por Aquisebebe) y hasta intentaron describir nuevas sensaciones.
Un solo ejemplo, que figura en el glosario incorporado al final de la obra: Disruido: término que indica el acuerdo de una determinada música con el sabor de un determinado plato. Ahora banalizan esa combinación especial con el horroroso término Maridaje.
La dismúsica de los dátiles a la anchoa es la Novena Sinfonía de Beethoven, juraban los futuristas. Estamos en el reino de la arbitrariedad.
Al lado de estos locos, la cocina de Ferrán Adriá es comida para bebés y las instalaciones gastronómicas de Martha Minujin, kermesse barrial. La obra fue publicada por Editorial Gedisa, de Barcelona. Está medio agotada en las librerías latinoamericanas. Hay que buscarla.

Elisabeth Checha
elisabeth@elgourmet.com

Comer en el jardín de infantes

Muy modernas esas banquetas con mesas bajas. Incomodísimo agacharse para enrollar en el tenedor los spaghetti con salsa bolognesa. Todo va a parar a blusas o camisas, acompañados de unas gotas de tinto. Informal, si, pero se pierden las formas. Inclinarse para tomar la sopa, en principio, un mandato de las buenas maneras es un horror.
¿Cómo hacer para llevar a la boca la cuchara desde ese abismo que existe entre la mesita de jardín de infantes y la boca?
(continúa)

Tragos amargos

Hay infinitas marcas pero las más populares en el mundo son el Fernet y el Campari. El sabor amargo es cosa de machos adultos.
Al revés de las infantiles dulzuras, tan asimilables por todo el mundo, chicos y tías viejas especialmente. Es casi inexplicable como ese mazazo en el paladar y en la vista, el oscuro Fernet (Branca, Ramazzotti, entre los más conocidos) ha capturado tantos adictos en el mundo.
Muchos lo beben como remedio mágico post noches bravas. Otros simplemente como mero placer.En los viejos bares de Buenos Aires, esos almacenes con despacho de bebidas y barras de estaño (casi no quedan), todavía se lo consume mezclado con vermouth y en las disco, ¡ay!, con Coca Cola.(continúa)

ELISABETH CHECA
elisabeth@elgourmet.com