viernes, 13 de enero de 2012

Comer kosher es sano pero muy complicado


Cuántas veces lo viste en las góndolas del súper y te preguntaste qué quería decir. Acá te contamos qué son y para qué se crearon.

Por Alejandro Maglione
amaglione@lanacion.com.ar
@crisvalsfco


Tema difícil
La mayor parte de las religiones tienen como característica el haber acumulado en el correr de los siglos un conjunto de normas que regulan que es lo que pueden comer sus fieles y que no; cuando deben ayunar; cuando abstenerse de comer carne, o hacer ambas cosas.

A los católicos, la Inquisición supo tenerlos cortitos para asegurar que los preceptos a este respecto se cumplieran prolijamente. En los años en que su autoridad era peligrosamente indiscutida, a los fieles se les exigía abstinencia de comer carne todos los viernes del año, como una forma de recordar el Viernes Santo. Para facilitar el control, los huéspedes de posadas debían dormir con las puertas de sus habitaciones sin trancas ni llaves puestas, porque parece que no pocos golosos manducaban carne en la intimidad. Entonces, los alguaciles de la fe, entraban de sopetón y guay de que lo encontraran con el pernil de cordero entre sus dientes.

El conocido heresiarca y amante, Giácomo Casanova, circulaba con una autorización obispal para comer en los días prohibidos "todo lo que hubiera salido del agua". Y, por ejemplo, con frecuencia hacía que introdujeran un cerdo en un río, para luego sacarlo frente a testigos que jurarían que habían visto cuando lo sacaban del agua.

Con lo kosher no se juega
La religión judía es muy clara y no está para chichoneos. Cuando dice "no" es "no", y no dejan margen para picaronadas. Tienen perfectamente identificadas las leyes que contiene el libro del Levítico a este respecto, que se conocen como el Kashrut, que comienza por dejar en claro que kosher o kasher quiere decir apto o adecuado para comer.

En el Essai sur la morale du Talmud publicado en Bruselas en 1926 y con la firma del Rabino M. Lévy, leemos: "La Biblia prohíbe ciertos alimentos. Se ha pretendido que es por razones de higiene. Eso es rebajar singularmente la Ley, convirtiéndola en un vulgar manual dietético".Continúa diciendo: "¿Por qué se nos permite comer peces con escamas y aletas, y no los otros?La razón, desde luego, no encuentra argumentos razonables y se declara incompetente, pero el creyente tiene una respuesta: porque tal es la voluntad de la Ley promulgada en el Monte Sinaí, y nos inclinamos ante esa voluntad soberana".

Esto salía al cruce de movimientos judíos en los XIX y XX que pretendían explicar racionalmente las prohibiciones bíblicas, como por ejemplo, atribuir a la triquinosis el impedimento de comer cerdo. Como uno de los referentes de esta postura estaba el autor deL'higiène alimentaire des juïfs devant la science moderne, que era un doctor de apellido Shapiro.


Fuente texto e imagen: Conexion Brando