sábado, 22 de mayo de 2010

Cocina del Bicentenario Recetarios argentinos

Estaban en todos los hogares y marcaron el paladar de varias generaciones. Hoy, Narda Lepes les devuelve vigencia a esos entrañables sabores domésticos

Narda Lepes. CHEF



No sólo de empanadas, asado y locro está hecha nuestra tradición. Cuadernos con anotaciones, recortes de revistas, recopilaciones centenarias, memorables recetarios de algunas marcas... La historia de la cocina argentina puede rastrearse en los cajones de nuestras abuelas, en las ferias de antigüedades y hasta por Internet, donde se venden los gastados cuadernillos a partir de $15. Las fórmulas elegidas por Narda hoy despiertan recuerdos entrañables.

Ese interés de difundir es el mismo que tuvo Juana Manuela Gorriti, que en su libro Cocina Ecléctica (1890) recopiló las recetas que preparaban las mujeres de su época manifestando el cruce de diferentes culturas: las ostras conviven con tamales, una tortuga a la turca y las balas del general, receta enviada por Luisa G. de Murature.

Durante décadas, un regalo de bodas obligado fue La Perfecta Cocinera Argentina (1894), de Teófila Benavente, una combinación de platos simples y sofisticados. Y en la primera mitad del siglo XX, la revista El Hogar le dio glamour a la cocina y tentó a las amas de casa con recetas deliciosas.

Pero el que batió todos los records fue el libro de Doña Petrona C. de Gandulfo (1934). La primera tirada fue de 5.000 ejemplares y a mediados de 1980 llevaba vendidos más de 3.000.000. La última edición, N° 101, es del 2007. Ella misma se jactaba de que, después del Martín Fierro, era el libro más leído en la Argentina. Y otro dato curioso: la Biblioteca Nacional lo guardó como un tesoro, después de constatar que era el libro más robado. Claro que el éxito de Petrona vino de la mano de la televisión: empezó en Canal 7 y estuvo 30 años en el aire, siempre junto a Juanita Bordoy, su ayudante y amiga.

En 1955 apareció el Nuevo Libro de Postres, de Amelia Vázquez, que además enseñaba las normas de urbanidad para salones, visitas, bailes, clubes y confiterías. En esa misma década del 50, a la industria se sumaron los recetarios de las marcas. El de Aguila traía la imperdible mousse de chocolate, a la que llamaron "espumilla Aguila". La aparición de nuevos productos causaron una suerte de revolución, como el polvo leudante Royal, la harina leudante Blancaflor y el el almidón de maíz Maizena. El recetario ¡Hurra!, recomendaba el vino generoso Cordero a débiles y convalecientes, incluso promocionó un sambayón (sic) para dar energía a los niños.

Miles de páginas celosamente guardadas entusiasmaron a Narda para elegir las recetas de hoy.



Souffle de papas


Alfajores de maizena


Dedos de queso


Pollo relleno de Tia Vivi


Flan


Fuente: Ollas&Sartenes