domingo, 9 de noviembre de 2008

La cocina molecular ya puede degustarse en Buenos Aires- Química para experimentar con sabor

Los platos son miniaturas que caben en una cuchara. Los alimentos se exponen a extrañas técnicas de cocción, que redundan en inverosímiles texturas y formas. Lo líquido se solidifica y lo sólido se licua. El champagne puede tomar la consistencia de una gelatina y el caviar, transformarse en una esfera que estalla literalmente en la boca. De eso se trata la cocina molecular, una técnica en la que distintos procesos químicos y formas de cocción producen la alteración molecular de los alimentos para transformarlos en espumas, geles, emulsiones, esferas y en consistencias aireadas. El objetivo es modificar los insumos, pero no su sabor.

Difundida a nivel mundial por el catalán Ferrán Adriá, desde su reducto El Bulli, en el país la cocina molecular no deja de ser una rareza, además de ser muy costosa. Mariano Cid ensaya algunos platos en el restaurante del hotel Faena e Isidoro Dillon prepara degustaciones de siete platos que solventa la Bodega Terrazas. Sin embargo, una verdadera cena molecular insume un repertorio de entre 10 a 22 platos, acota Dillon. 

(continúa)