sábado, 1 de noviembre de 2008

Efluvios del Ajo

Contra los cucos, el mal de ojo y la envidia.
A los pacatos les parece que el ajo es vulgar e indigesto.
Sin embargo Enrique IV fue famoso por emanar sus efluvios.
No solo le encantaba, lo usaba como el más seguro estimulante para el amor.
El más remoto origen de los ajos que pueblan el planeta viene posiblemente del Asia Central.
Desde el fondo de la historia se lo conocía por sus virtudes curativas.
Los antiguos, contrariamente a los porteños, lo estimaban enormemente. Hipócrates ubicó a este bulbo de la familia de las liláceas entre los alimentos bienhechores.
Los cruzados contribuyeron a difundirlo en Europa y se convirtió en panaceas, no solo para los males del cuerpo.
Entre sus virtudes figuraba la de expulsar las posesiones demoníacas.
No era amigo ni del diablo ni de los Dráculas. Y tampoco es amigo del colesterol, según investigaciones médicas recientes.
(continúa)

Elisabeth Checa
elisabeth@elgourmet.com