domingo, 16 de noviembre de 2008

Extra: Cocina y vinos

Por Eric Asimov (The New York Times)


revista@lanacion.com.ar


Traducción de Gabriel Zadunaisky 





10 recetas de Martiniano. ¿Qué es un consumidor de vinos? Tokio gourmet, un paseo gastronómico por la metrópolis oriental. Mi vida como cocinero. La columna de Brasco. Cómo se hace la guía óleo.

La mente del consumidor de vino es un lugar confuso, lleno de información extraña y arcana que fascina a pocos. Como el bolsillo del pantalón de un chico de 7 años, está lleno de hilitos, tapas de botella y piedras brillantes recolectadas en las rondas diarias por vinerías, restaurantes, diarios y callejones empapados en vino de Internet. Son cosas inofensivas en realidad, salvo para aquellos que se encuentran cerca de un amante del vino cuando él o ella se sienten obligados a hacer comentarios acerca del bouquet y el cuerpo de una nueva infatuación.

Pero, en los últimos meses, a los bebedores de vino de EE. UU. les tocó convertirse en el centro de las diatribas de la cultura popular. En los comentarios de la prensa respecto de dos estudios de la psicología del vino, los consumidores han sido presentados como gente que se deja engañar, tonta, sujeta a las manipulaciones del marketing, los críticos y los productores charlatanes, que han rodeado al vino de una mística y una sofisticación engañosa, a la búsqueda de nuevas y mejores maneras de lograr que el público deje su dinero.

Uno de los estudios fue realizado por Robin Goldstein, que escribe sobre alimentos, en procura de proteger a los consumidores de influencias externas, de modo que puedan juzgar el vino simplemente por lo que hay en la copa. Hizo que 500 voluntarios probaran y calificaran 540 vinos no identificados, con precios que iban de 1,50 a 150 dólares la botella. Los resultados se presentan en un nuevo libro titulado The Wine Trials (Las pruebas del vino)

(continúa)