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domingo, 30 de agosto de 2015

Asunto aclarado: Bolivia esparció el ají por el mundo




Hasta no hace mucho tiempo había debates científicos que se podrían denominar tremendos. Haber descubierto que el origen del homo sapiens fue en África, destrozó muchos corazones que esperaban que las primeras señales de nuestro abuelo cuaternario se hubieran encontrado escarbando en París, Londres, New York, o sus alrededores, pero el ADN de los rastros humanos más antiguos apareció en el continente negro. 


Y ahora resulta que aparecen dos damas bolivianas, Rita del Solar y Lupe Andrade, hacen un estudio cuidadoso de las investigaciones del botánico norteamericanoW.Hardy Eshbaugh, actualmente Profesor Emérito de la Universidad de Miami en Ohio, y ven que este científico demostró claramente que el ADN de un ajicito así de chiquitito, redondito, que toma el color y la forma de una cereza pequeña, y que su cuna, donde se lo encuentra hasta la actualidad, está en los valles mesoandinos de Cochabamba y Chuquisaca, es el padre de todos los ajíes y se lo conoce como ulupica o el chacoense. 
Un tema importante.
Por lo menos para los que habitan desde México (donde reinan del jalapeño al poblano, infinidad de variedades) hacia el sur, incluido el noroeste de nuestro país, todos los países americanos en esta franja se sienten propietarios de sus ajíes, los denominan a su manera desde tiempos inmemoriales, como que también fueron viendo la evolución de sus formas y colores, desde la pelotita primigenia a la variedad que encontramos hoy en todo el mundo, a partir de terruños y climas completamente diferentes.  
Cuando el Almirante Cristóbal Colón llega a América buscando Catay o Cipango, su objetivo público era cristianizar estas tierras y que patatín o patatán, pero la verdadera razón, que entusiasmó a más de un marinero forajido, fue la promesa de encontrar oro y especias. En aquellos años LA especia por excelencia era la pimienta (aparte de la canela, la nuez moscada, el azafrán entre muchas otras) que había que ir a buscar a las lejanísimas tierras del Lejano Oriente, cruzando mares infectados de piratas, que hacían de las suyas sin descanso en el estrecho de Malaca o el archipiélago indonesio, interceptando a los honestos comerciantes que intentaban allegar a Europa sus valiosas cargas. 
Colón, parecería que se puso en la boca un ají pequeño, de estos que se conocen por una mala palabra (hasta quizás haya creado el "¡que lo parió!" ), y mientras su rostro se enrojecía y su cuerpo cobraba un calor no atribuible al clima caribeño, se le prendió la vela en la cabeza y pensó que había encontrado, casi al alcance de la mano, un producto que reemplazaría con ventaja a la codiciada pimienta. 
Fue gracias a él, por ejemplo, que europeos como los húngaros pudieron hacer del goulashsu plato nacional; o los españoles deleitarnos con sus fabulosos embutidos. Se dice que fue gracias a españoles y portugueses que los pimientos viajan al Lejano Oriente y a la India, donde sería impensable un Mango Chutney sin pimientos verdes. 





sábado, 27 de junio de 2015

Los Petersen: una brigada Brancaleone gastronómica

Por Alejandro Maglione | amaglione@lanacion.com.ar - @MaglioneSibaris | Especial para ConexiónBrando

Tuve la suerte de entrevistar en La Isla de los Sibaritas a Roberto y Chistian Petersen. Esto me llevó a pensar en mirar a los hermanos Roberto, Christian y Lucas, desde una vereda poco usual, que en este caso viene a ser el esfuerzo conjunto de una familia por sobrevivir y crecer profesionalmente, cuando los vientos de la vida soplaban en contra. Sobre todo es interesante escucharlos cuando falta poco para que les toque recibir en el restaurant de la Sociedad Rural en Palermo, a los hermanos Roca, en su gira mundial para dar a conocer la comida que se sirve en el mejor restaurante del mundo, según una encuesta de la revista Restaurant de Londres: el Celler de Can Roca. 

Uno los sigue recordando por su paso por la televisión, gracias a que el canal de televisión para el que grabaron varios programas, tiene la generosidad de repetirlos a altas horas de la noche con mucha frecuencia (el horario principal lo están reservando para "resultones" que nos enseñan a hacer sándwiches de jamón.). Allí se los vio cocinando a dúo a Roberto y Christian, y luego se dedicaron a generar programas de banquetes en los lugares más insólitos del país. Pero de allí a ser los que tienen a su cargo el montaje para la obra culinaria de los Roca, ha corrido mucha agua bajo el puente, que ellos supieron navegar y aprovechar con talento y enorme esfuerzo. (continua)


Texto e imagen Conexion Brando

viernes, 13 de enero de 2012

Comer kosher es sano pero muy complicado


Cuántas veces lo viste en las góndolas del súper y te preguntaste qué quería decir. Acá te contamos qué son y para qué se crearon.

Por Alejandro Maglione
amaglione@lanacion.com.ar
@crisvalsfco


Tema difícil
La mayor parte de las religiones tienen como característica el haber acumulado en el correr de los siglos un conjunto de normas que regulan que es lo que pueden comer sus fieles y que no; cuando deben ayunar; cuando abstenerse de comer carne, o hacer ambas cosas.

A los católicos, la Inquisición supo tenerlos cortitos para asegurar que los preceptos a este respecto se cumplieran prolijamente. En los años en que su autoridad era peligrosamente indiscutida, a los fieles se les exigía abstinencia de comer carne todos los viernes del año, como una forma de recordar el Viernes Santo. Para facilitar el control, los huéspedes de posadas debían dormir con las puertas de sus habitaciones sin trancas ni llaves puestas, porque parece que no pocos golosos manducaban carne en la intimidad. Entonces, los alguaciles de la fe, entraban de sopetón y guay de que lo encontraran con el pernil de cordero entre sus dientes.

El conocido heresiarca y amante, Giácomo Casanova, circulaba con una autorización obispal para comer en los días prohibidos "todo lo que hubiera salido del agua". Y, por ejemplo, con frecuencia hacía que introdujeran un cerdo en un río, para luego sacarlo frente a testigos que jurarían que habían visto cuando lo sacaban del agua.

Con lo kosher no se juega
La religión judía es muy clara y no está para chichoneos. Cuando dice "no" es "no", y no dejan margen para picaronadas. Tienen perfectamente identificadas las leyes que contiene el libro del Levítico a este respecto, que se conocen como el Kashrut, que comienza por dejar en claro que kosher o kasher quiere decir apto o adecuado para comer.

En el Essai sur la morale du Talmud publicado en Bruselas en 1926 y con la firma del Rabino M. Lévy, leemos: "La Biblia prohíbe ciertos alimentos. Se ha pretendido que es por razones de higiene. Eso es rebajar singularmente la Ley, convirtiéndola en un vulgar manual dietético".Continúa diciendo: "¿Por qué se nos permite comer peces con escamas y aletas, y no los otros?La razón, desde luego, no encuentra argumentos razonables y se declara incompetente, pero el creyente tiene una respuesta: porque tal es la voluntad de la Ley promulgada en el Monte Sinaí, y nos inclinamos ante esa voluntad soberana".

Esto salía al cruce de movimientos judíos en los XIX y XX que pretendían explicar racionalmente las prohibiciones bíblicas, como por ejemplo, atribuir a la triquinosis el impedimento de comer cerdo. Como uno de los referentes de esta postura estaba el autor deL'higiène alimentaire des juïfs devant la science moderne, que era un doctor de apellido Shapiro.


Fuente texto e imagen: Conexion Brando